lunes, 10 de octubre de 2016

El desajuste de Piqué

Evitemos el relato del tipo de camiseta y las magas que cortó. Centrémonos en el momento en el que el jugador se encuentra con el seleccionador nacional y éste le dice algo mientras caminan hacia el vestuario después del partido. La cámara tiene el ángulo perfecto porque se ve de espaldas a Lopetegui y de cara a Piqué. Incluso cuando no lo sabe Piqué está de cara. Es curioso el destino. El gesto del jugador revela que no se está creyendo lo que le dicen. Una especie de quééé? 

Lo siguiente es una foto de grupo en el vestuario tras la victoria.

Y lo siguiente Piqué vestido de calle, duchado, con la camiseta de Sergio Ramos en la mano. Va caminando con los pasos del que quiere pedir una explicación para soltar un cabezazo a mitad de frase. Sin embargo no va a pedir explicaciones sino a darlas. Las da. El tono es de hartazgo y pereza porque la otra opción sería mandar a tomar por culo a todo el mundo. A todo el mundo? Quién es todo el mundo? Aquí está el lío.

Todo se montó en twitter, donde los cazadores apretaron rápido el gatillo nada más ver esas mangas cortadas, sin la bandera.

Pero la pregunta es: cómo un tipo acostumbrado a la presión en un deporte de élite y máxima exposición; cómo un tipo que encabezó mucho tiempo el ranking de la actividad en redes sociales; un cerebro acostumbrado a filtrar odios, de repente estalla y hace pública una decisión que ya tenía pensada, irse de la Selección en 2018.

Se desajustó la conexión entre la máquina y la vida. La maquinita que llevamos en el bolsillo; la maquinita en la que metemos tantos datos privados, en la que transcurren tantas conversaciones íntimas. A la que dotamos de una importancia desmedida. Es casi nuestro disco duro externo... y sin embargo le concedemos una puerta gigante al exterior con twitter. De modo que en nuestro bolsillo aparece gente que no nos interesa... y que trae dosis pequeñitas de veneno. El desajuste es tragarnos ese veneno. Pero quiénes son? Qué poder les concedemos? Ese es el desajuste. En nuestra maquinita. Esa gente entrando en nuestro cerebro?

Normalmente ya es nuestro cerebro el que ajusta la situación prácticamente en modo automático. Si no, exite otro resorte: la vida, nuestro entorno, el grupo. El grupo te sostiene; los de tu misma profesión, los que saben qué hay en juego. Y aquí hubo otro perfil de desajuste. El mensaje no lo leyó Piqué en su maquinita. Lo escuchó por boca del jefe del grupo: te están poniendo a parir, se ha montado un lío gordo con lo de las mangas cortadas. Quééé?

Entró en juego el protocolo del bar, el de la calle. Voy, le digo de qué va, y si puedo le meto. Pero en ese camino no había nadie a quien decirle nada porque estaban en la maquinita. Así que sólo pudo enseñar la camiseta de Ramos, las mangas cortadas, enseñar que no había bandera y que por tanto no pudo cortar símbolo alguno. Y lo único que le quedaba por decir era lo que tenía tan guardado en su disco duro: "dejaré la selección en 2018, tras el Mundial".

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